martes, 1 de abril de 2008

Mujer creó 'cementerio' en Riohacha para sepultar a los NN

Imagen de Archivo


Sonia Bermúdez, de 52 años, auxiliar de Medicina Legal, dice que ha enterrado a 2.000 muertos desconocidos.

En un lote de cuatro hectáreas, localizado a 10 kilómetros de Riohacha, que le cedió el municipio en 2004, ha enterrado los restos de 78 NN, entre habitantes de la calle y personas cuyos familiares carecían de recursos para pagar un pedazo de tierra en un camposanto de la ciudad.

El lugar lleva el nombre de parque cementerio 'Gente como uno'.

El último entierro fue el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Ese día, Sonia les dio sepultura a los cuerpos de siete NN, que permanecieron varios meses refrigerados en las neveras de la morgue municipal.

Al entierro la acompañaron sus siete hijos, sobrinos y vecinos, que hicieron las veces de deudos.

"A mis muertos no los entierro solos, siempre llevo gente para que los acompañe", dice esta mujer, quien asegura que en casi cuatro décadas ha sepultado unos 2.000 cuerpos.

Sonia quería ser médico de niña, pero lo que ganaba su padre como celador del cementerio y su madre como modista no le alcanzaba para estudiar la carrera. Por eso se metía a hurtadillas en la morgue y veía cómo 'rajaban' a los muertos, y a los 14 años logró convertirse en asistente del médico encargado de las necropsias.

Luego, en 1978, tras graduarse en Bogotá de técnico auxiliar legista, fue nombrada por la Gobernación de La Guajira como directora departamental de Medicina Legal. Hoy es, quizás, la mujer que lleva más tiempo dedicada a hacer necropsias en el país.

Desde sus inicios en la morgue, Sonia sintió un interés especial por los NN sepultados en fosas comunes. Muchas veces salía en su carro a buscar a los familiares de los fallecidos en los barrios y pueblos cercanos. Hace un año dejó de hacerlo porque se quedó sin vehículo.

"Hubo ocasiones en que a los ocho días se presentaban los familiares y tenía que sacar los cadáveres de las fosas", recuerda Sonia. De esas escenas dolorosas surgió la idea de organizar un sitio digno para sepultar a los NN.

En la parte trasera del cementerio central, donde antes funcionaba la morgue, construyó 36 bóvedas, con dinero de su bolsillo, para enterrarlos. Pero la violencia hizo que se agotaran y tuvo que pensar en una salida definitiva.

Un osario, la meta

El año pasado, las lluvias se llevaron la señalización de algunas tumbas. Entonces, comenzó a tocar puertas para construir bóvedas y así impedir que el rastro de sus muertos se perdiera.

A principios de este año, le donaron cemento y, con plata prestada, compró el resto de los materiales. Sus cuatro hijos varones se encargaron de la mano de obra y de los ataúdes, y la Alcaldía del transporte de los cuerpos.

Su meta ahora es construir un osario para exhumar los restos que están enterrados y hacer el encerramiento del cementerio. Con ese fin constituyó la fundación 'Gente como uno', integrada por sus hijos, yernos y sobrinos.

Pese a no saber los nombres de los fallecidos, los recuerda a todos. En especial, el cadáver de un vendedor de tortugas que hallaron hace 21 años en el puente sobre el río Ranchería, y uno de los que han sido identificados.

El muchacho llevaba un mapa de Colombia en el bolsillo y al año siguiente de haberlo enterrado una mujer llamó a la Alcaldía preguntando por alguien con esos rasgos. Ella estaba allí y recordó al joven. La señora, francesa, era la madre del muchacho, llegó a Riohacha y se llevó los restos.

Cada vez que Sonia entierra a un difunto sin familia, siente que sus fuerzas aumentan y que "las bendiciones de Dios se multiplican".

Por eso nunca ha abandonado a sus muertos. Ni durante sus siete embarazos -su tercera hija, Malka, por poco nace en la morgue- ni para salvar su matrimonio.

Hace cuatro años se separó, pero dice que su corazón no está solo.
"El Tiempo"

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